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sábado, 17 de septiembre de 2011

Un texto muy personal...

Algunas veces, en unas de esas madrugadas que llegan a rozar el comienzo de un nuevo día, cuando el cerebro pierde un poco de su actividad y lleva un ritmo lento, donde no hay más sonidos que el de mi respiración y los grillos de la calle, se aparecen mis momentos nostálgicos, ñoños, románticos, tristes,... Momentos de emociones variadas, pero intensas. Entonces, dependiendo de la ocasión, mi estado anímico y otros factores ilógicos añadidos, me da por pensar profundamente en un determinado asunto.


Hoy, como otras veces ya he hecho, he echado la vista atrás para reencontrarme con mis pasados sentimientos amorosos, esos que se originaron cuando empezamos a conocernos.
Diviso una fotonovela de mis mejillas sonrosadas, los dedos ansiosos en el teclado del ordenador esperando unas conversaciones interesantes, mi mirada pendiente de un recuadro que advertía que habías “iniciado sesión”; de un teléfono móvil donde por primera vez aparecía una llamada perdida tuya o un nuevo mensaje de texto; mis pies acelerándose por la acera para llegar a la cabina de teléfono público del centro (cuando me quedé un tiempo sin Internet), para enviarte un mensaje y esperar que me contestaras… ; y de cuando cargaba con el ordenador en la espalda hasta la biblioteca para coger wifi y pensaba “por favor, que esté conectada ahora”, y estabas…


También recuerdo cuando me frenaba sola porque probablemente, toda la magia que estaba viviendo con alguien a quien no conocía en persona, no era más que algo pasajero y/o donde solo tenía esas “sensaciones” yo sin tener una correspondencia por tu parte, y que tal vez muy pronto esos pensamientos se hicieran hechos reales y yo volvería a mi lamentoso estado de pena desmesurada y vomitiva.


Eras tan callada, tan reservada. Si no sabía lo que pensabas ni lo que sentías, ¿cómo iba a adivinar lo que había dentro de ti? Con el tiempo aprendí a leerte entre líneas. Sabía que algo de ti hacia mí seguro que existía, aunque me aterraba el crearme falsas esperanzas.
Increíble era mi comportamiento de aquel verano, todo el día esperando por ti para llevarme toda la noche en vela hablando contigo. Nuestro tiempo juntas era como gotas de agua al caer en una fogata, cada vez que miraba el reloj la hora me sorprendía. Estaba permanentemente atontada, todas las canciones hablaban de ti, de mí, de nosotras.
Impresionante fue la forma en que tembló todo mi cuerpo “la primera vez que” recibí un toque tuyo, un mensaje, te besé, te abracé, te sentí,... Cierro los ojos y pienso en ese fiero fuego interno que se expandía y se propagaba por todo mi ser con el propósito de corromperme y salir de mí, esas maripositas que rebotaban de un lado hacia otro jugueteando entre ellas en su mundo multicolor, esas tremendas ganas de gritar con todas mis fuerzas hasta agotarme en la cama entre risas risueñas,…
Y, por última vez, echo la vista hacia atrás y te recuerdo una conversación telefónica que mantuvimos antes de conocernos en persona, donde te comenté esa peculiar coincidencia de que tu cumpleaños cayera en la misma fecha que el de mis dos ex-novias. “Muy rápido me has metido tú ahí”, dijiste riendo entre espasmos tímidos. Y, para que veas, ¡acerté!


Y, ¡míranos! Cuando nos demos cuenta, en un parpadeo, hacemos un año…

jueves, 23 de junio de 2011

Entrevista de un tal "Anónimo".

Supongamos, que éste de mi izquierda es "Anónimo".
Alguien a quien he conocido en un Chat de literatura,
el cual no quiere revelar su identidad.
Y aquí os dejo una especie de entrevista que me hizo.


-Hola, ¿quiere pasar a la historia, eh, escritora novel? Poca ambición la tuya.
-Hola, anónimo. ¿No tengo dices?
-Digo todo lo contrario.
-Vaya, con ambición se sigue. Si no la tuviera, pobre de mí. Es básico.
-No lo creo.
-¿No lo crees?
-Opino que hay otras fuerzas que pueden dar los mismos resultados. La ambición no siempre es buena.
-¿Cuáles? No siempre, por supuesto, tampoco quiero excederme, sólo pretendo mejorarme.
-Un trabajo personal y sincero sin ser alabado.
-Yo no me dedico a escribir solamente. Trabajo, estudio y escribo. De hecho he estado en el campo recolectando fruta y en almacenes de fruta. Sirviendo patatas fritas artesanales…
-Wow, debes de ser una persona muy activa. ¿Y eso demuestra tu humildad y la falta de prejuicios hacia esa labor? Pero si fuera así, ¿por qué lo mencionas?
-En realidad sí tengo prejuicios.
-Naturalmente, como todo el mundo.
-No ha sido de mi agrado, pero no tuve más remedio.
-¿Y dónde entre tanta faena? ¿Cómo encuentras el sosiego necesario para ponerte a escribir? ¿O eres capaz de hacerlo en cualquier parte?
-Escribo a ratos, cuando tengo ganas, no me obligo. Es difícil hacer trabajar a la mente cuando se trabaja en un campo, con semejante compañía, y cuando tus padres no hacen más que recordarte que vives en una caverna. Solamente tengo 20 años y dentro de unos meses, con el bien merecido dinero de mi paro, me voy fuera a estudiar un año, fuera de todo este “retraso”…
-¿Estás mucho en tu habitación? Retraso, ¿por qué?, ¿te sientes limitada?
-Bastante.
-¿No puedes hacer en ese ambiente todo lo que te gustaría?
-La verdad es que soy interrumpida con frecuencia. Ahora mismo tengo mucho tiempo libre y me gustaría empezar un nuevo relato, lo tengo en mente.
-¿Qué temas tocas cuándo escribes? ¿Y con qué intención lo haces?
-Mi intención es que sea algo raro, poco visto, un tema poco tratado, y buscarle una historia de amor, de dos mujeres, por supuesto. Pero muy diferente, nada típico, nada predecible.
-Tienes que publicar esta entrevista en tu blog.
-Llevas razón.