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martes, 6 de diciembre de 2011

Infierno infinito -Parte 2- ¿Cómo os borro?

¡Y no me di cuenta: que cuando un manantial queda en sequía, el suelo se agrieta!
Entonces solo permanecen perennes, sus marcas.
Marcas, como en serigrafía.
Exactamente eso sois, sí, como la imagen fantasma en un marco muy raído.
En mis hilos habitaréis para mis restos, en forma de recuerdos ilustrados,
obstaculizando el buen fluir de la tinta de mi vida.
Nunca seré una tajante transparencia.
Porque, decidme, ¿cómo os borro?
Hasta que mis fibras quebranten y mi madera se pudra, temo, no os iréis de mí.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Infierno infinito -Parte 1- No hay dolor


Recién llegado el verano,
los manantiales hirvieron con el Sol.
Este sujeto que escribe
es ya una conseguida materia en sequía.
Los vientos huracanados en la esencia,
ahora dóciles, se dispersaron,
y se deslizan de vez en cuando,
como recuerdos en un sedoso patinaje.
No hay dolor.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ebria de literatura, borracha de nuevas ilusiones.

Ebria de literatura, borracha de nuevas ilusiones.
Quiero coger el mayor pedal de la historia
y tener la mejor resaca de mi vida.
Mariposea otra obra en mi mente,
jugando con mis emociones sensibles y tiernas.
Estoy en ese estado gilipollas de empano constante,
enamorada de un ente imaginario que se recrea con nerviosismo.
Esta vez pongo un pedazo de mí misma, tiene una parte biográfica,
aunque mayormente es una historia ficticia.
Quiero una fuente de botellas inagotables, vidrio gratis.
Tengo mucha sed.

martes, 4 de octubre de 2011

A ver quién me entiende...

Quiero perturbar la paz que recién habita en mí,
agonizar en agudos lamentos y sentir en carne viva mi inmerecida desdicha.
Ahogarme en hoscos sollozos, tiritándome la piel, los huesos, el alma,
encharcando mi fondo así.
Malgastar el tiempo, desperdiciar mi vida quejándome del grosor
y del peso del dolor de mis entrañas.
Disecarme tras soltar océanos de sal y sucia agua,
empujando mis restos por el suelo hacia ninguna parte.
Quedarme sin voz en gritos por no volver a escucharme.
Buscar todas las tristezas existentes y exprimirlas una y otra vez,
y ver como jamás se agotan.
Intermitentes, sin medidas, vacías aunque llenas.
No me conozco sin nostalgias, no soy yo sin lloros.
No tengo ánimos para broncearme ante esta salida de sol tan mágica, debería apreciarla.
Me acostumbré a lo malo y a no creer en la caridad, en los arcoíris tras las tormentas.
Las cicatrices no escuecen, pero evitan que coja color.
Son tan feas, que con buen tiempo, me tapo entera.
No es temor, sino desgana. Deseo sufrir más.
Nunca pensé que ansiaría lo de siempre, ¡al revés!